Enrique Meléndez: La educación es una razón de Estado

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Por supuesto, nadie se explica el hecho; de que, por un lado, el gobierno pregona, que la economía se ha recuperado; mientras que, por el otro admite que está arruinado, y que por eso desconoce por completo los beneficios de las contrataciones colectivas de los trabajadores del Estado; que es la causa, por la que estos están hoy en día en la calle; pues en nuestra realidad se ha visto un fenómeno, y es la unificación de la masa orgánica laboral venezolana en las narices, no sólo del gobierno, sino también de los partidos políticos de la oposición, bajo una acción de protesta, que ya se extiende por varios días; sobre todo, porque se ha observado que hay una gran mala fe en las jugadas del gobierno.

Obsérvese que el gobierno decretó hace ya unos meses un aumento de salarios de un alto porcentaje; pues de 7 bolívares puso a ganar a la gente 130 bolívares; tratando de salirle adelante a esa situación de levantamiento generalizado de la clase trabajadora, que se veía venir, y es que, precisamente, el movimiento sindical ya comenzaba a presionar, para que se cumpliera algo que está establecido en nuestra Constitución, y es que el salario mínimo tiene que estar por encima de la canasta básica; cuyo costo hoy en día sobrepasa los 400 dólares; cuando se advertía, por otra parte, que los esquiroles, esto es, los dirigentes sindicales, que fabrica el gobierno a su medida, para llevar a cabo sus truculencias, negociaban con éste un aumento equivalente a unos 200 dólares. Así que este último no le llegó ni por los pies a la expectativa, que se tenía en ese sentido, es decir, apenas fue de 30 dólares, cuyo equivalente hoy en día ya va por 21 dólares.

He allí el primer arrebatón del “presidente obrero”; pero a continuación viene el segundo, y es la aparición del famoso Instructivo de la Onapre, que vendría a ser, como dicen los dirigentes sindicales, un apéndice del Memorándum 2792, y mediante el cual el gobierno desconoce las conquistas de las convenciones colectivas; sobre todo, en lo que se refiere a las tablas salariales, de forma que por esta vía se produce un “achatamiento” de los sueldos de los trabajadores, para utilizar los términos de la dirigencia sindical; una uniformización o, dicho de otro, una igualación hacia abajo de la sociedad venezolana.

No sin razón ha rodado mucho por estos días unas revelaciones, que hizo en una oportunidad el general Guaicaipuro Lameda, en el sentido de que Chávez le hizo ver un día; que, en el fondo, lo que perseguía toda revolución socialista era eso, es decir, la igualación hacia abajo de la sociedad; en otras palabras, hacia la pobreza, que es lo que garantiza la abyección del pueblo hacia el hegemón; mientras éste se sostiene con la mentira como política de Estado; por lo que estaría de sobra todo proceso que implique el progreso personal de la persona, y en donde entraría el tema de la capacitación. Es decir, es mantener al individuo en la minoridad de edad; carente de toda iniciativa, que sienta que no es capaz de valerse por sí mismo, sino cuenta con el apoyo del Estado; en aras del sostenimiento de un régimen totalitario, y en cuya conciencia no hay sino idiotez, y de allí que no les interese para nada a los jerarcas la educación del pueblo; lo que explica ese segundo arrebatón del “presidente obrero” propinado, en especial, a los educadores, a través de ese Instructivo del Onapre, al desconocerle uno de los beneficios de la contratación colectiva magisterial, como sería el bono vacacional, calculado en 105 días, o al fraccionarle su pago por cuotas de diez días cada mes; de modo que se terminaría de pagar el próximo año en un país que no deja de registrar una situación hiperinflacionaria, y con un salario de pobreza extrema; lo cual constituye, además, un atropello a la dignidad del educador, a quien de esta forma se le desconocen sus derechos.

 

Pero al movimiento sindical del magisterio se le han unido en esta cruzada de protestas los trabajadores de la salud, los jubilados y pensionados, y hasta un sector del mismo gobierno, al que vemos dividido, en ese sentido; mejor dicho, la masa orgánica laboral venezolana, que exige, no sólo la anulación del Instructivo de la Onapre, sino también del Memorándum 2792 que, como decíamos, echa por tierra las conquistas, que se habían logrado con años de lucha, como dice el movimiento sindical; lo que incumbe a los trabajadores de la administración pública, en su conjunto, y que es lo que tiene en vilo al gobierno, y con los nervios alterados; razón por la cual hemos visto a sus voceros reaccionar en forma desmedida, a propósito de la configuración de este fenómeno, que se ve en las calles, incluso, con amenazas de muertes, a propósito de la activación de los círculos del terror, que tiene el gobierno a su disposición, cuando se trata de reprimir manifestaciones callejeras.

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Además, no sólo está esta reacción desmedida que, repito, no deja de reflejar un gran nerviosismo frente a la configuración de una fuerza orgánica laboral; repito, en las narices del gobierno y de los partidos de la oposición, dispuesta a batirse con la marea roja, como lo demostró este jueves 11 de agosto, sino además el cinismo de sus voceros; cuando dicen que ese bono vacacional, no se gasta sino en unas vacaciones de tres semanas en Margarita. He allí otro atropello a la dignidad del trabajador; lo cual sí constituía un bono de diversión en la época de la República civil; cuando ahora viene a ser un ingreso extra de la familia, que se va a utilizar, para pagar deudas, que estaban pendientes, o para la compra de medicinas, y que no se pueden cubrir con ese salario de 130 bolívares; además, es una cuestión bien particular, lo que se haga o lo que no se haga con ese ingreso extra; el hecho es que es una gran falta de respeto, en ese sentido. Entre tanto, Nicolás Maduro ha gastado toda una fortuna en la defensa de “El Diplomático”, Alex Saab; procesado en los Estados Unidos; por razones de Estado; cuando la verdadera razón de Estado es la educación del pueblo.