La Sundde no haya que hacer y en el incremento del precio de los alimentos influyen factores como el mayor gasto del gobierno

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En un entorno donde el precio de los alimentos comenzó a elevarse a un ritmo más acelerado, el gobierno se prepara para intervenir, en caso de considerarlo necesario.

Mientras tanto, en las empresas crece el temor a medidas que limiten la libertad para adecuarse a las condiciones del mercado.

La Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde) exigió información sobre márgenes de comercialización y costos de producción a empresas que producen alimentos como pastas y harina de maíz precocida.

Entre los datos solicitados se encuentran gastos considerados “ajenos a la producción”, como publicidad y mercadeo, estructura de costos, materiales, mano de obra detallando el nombre, número de cédula y salario de cada trabajador.

Además, precios de venta y variación mensual, cantidad de producción de cada producto, capacidad instalada y capacidad operativa, importaciones, flete internacional, seguro internacional y tasa de cambio.

Una vez la empresa recibe la solicitud, tiene 72 horas para enviar la información a la Sundde.

El 24 de mayo, el ministro para la alimentación, Carlos Tellería, creó el Comité de Control, Seguimiento y Balance Agroalimentario que se enfocará en once rubros: azúcar, aceites y grasas, pastas alimenticias y harina de trigo, proteínas animales, leguminosas, leche en polvo, harina de maíz precocida, arroz, enlatados y “rubros autóctonos”.

El Comité tiene, entre otras atribuciones, la responsabilidad de diseñar políticas para la “producción, procesamiento, abastecimiento y distribución a precios justos” de los rubros estratégicos.

Asimismo, deberá “evaluar y determinar de forma detallada el proceso productivo del sector privado” y elaborar un “mapa técnico táctico territorial de empresas públicas y privadas con fortalezas para realizar alianzas”.

Fantasmas del pasado

En las empresas crece la tensión. “Nos preocupa el comité y que están solicitando una gran cantidad de recaudos como hacían en el pasado. Nos han dicho que no está planteado regresar al control de precios pero hay una vigilancia más cercana. Quieren estar preparados para tomar medidas”, dice un empresario que prefiere reservar su identidad.

Fuentes explican que el gobierno ha planteado a empresas de la agroindustria la necesidad de acordar precios, un esquema que utilizó en el pasado e incluso contó con una ley aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente en 2017.

Según esta ley los “precios acordados” surgían de convenios entre el gobierno, las empresas y todos los que participan en la producción, distribución y comercialización de alimentos básicos tomando en cuenta la “estructura de costos”.

Empresarios consultados se muestran reacios a este esquema que ya fracasó como estrategia para desacelerar la inflación y, explican, no permitía ajustar los precios a tiempo para mantener la rentabilidad y la producción.

La aceleración

Si bien el país salió de la hiperinflación y los precios ya no aumentan al ritmo frenético del pasado, la inflación sigue siendo muy elevada y el gabinete económico teme por un incremento más acelerado en lo que resta de año.

Las estadísticas del Banco Central de Venezuela indican que en mayo el precio de los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentó 8,6%, el mayor salto desde diciembre de 2021.

Tras este resultado, en los primeros cinco meses del año esta variable, que impacta con fuerza a las familias de menos recursos, acumula un alza de 23,8%.

Macroconsultores indica que el costo de una canasta con harina de maíz, harina de trigo, pasta, aceite, leche en polvo, arroz, atún enlatado, azúcar y granos aumentó 14,7% entre la última semana de abril y la última semana de mayo.

Se trata del mayor aumento desde julio de 2021, tras el cual la canasta pasó a costar el equivalente a 40,7 dólares en un país donde cinco millones de ancianos reciben una pensión mensual de 24 dólares.

Trigo y maíz

En el incremento del precio de los alimentos influyen factores como el mayor gasto del gobierno, que se traduce en bolívares que aumentan la demanda de divisas y presionan al alza la cotización del dólar; las fallas de energía eléctrica que golpean la producción de la agroindustria y el efecto de la guerra.

Los misiles que el ejército ruso lanza sobre las principales ciudades de Ucrania también estremecen el mercado de alimentos. Las fértiles tierras ucranianas, conocidas como el granero de Europa, juegan un rol estelar en la oferta de cereales.

Rusia y Ucrania, en conjunto, suministran 28% del trigo que se exporta al mundo cada año y 15% del maíz, dos rubros que Venezuela necesita importar para elaborar pastas, pan, galletas y harina de maíz precocida.

Antes de la invasión ya se esperaba un alza en el precio del trigo porque China, el mayor productor a escala global, había advertido que por efecto de las lluvias su cosecha de este año será de las peores en la historia.

El principal contrato a futuro del trigo se cotiza 50% por encima de hace un año y la oferta sigue siendo muy incierta porque países como Argentina han disminuido sus exportaciones para contener los precios en el mercado interno.

Tras la medida anunciada por el presidente argentino Alberto Fernández, solo se exportarán diez millones de toneladas de trigo entre 2022 y 2023, un cifra que representa un descenso de 30% respecto al período anterior.

Venezuela importa trigo principalmente de Estados Unidos y Canadá. Gerentes consultados explican que, hasta ahora, no han tenido problemas para ajustar el precio de productos como la pasta alimenticia, pero temen que el gobierno quiera frenar el alza presionando por acuerdos de precios o con importaciones libres de aranceles que les restarían mercado.

En 2021, los venezolanos consumieron en promedio 33 millones de kilos de pasta al mes. De esta cantidad, 42% se produjo en el país y el resto se compró en el exterior.

La mayoría de las importaciones provinieron de Turquía que, a través de marcas como OBA y Bellini, tiene amplia presencia en los anaqueles de Venezuela.

El maíz es fundamental en la dieta de los venezolanos. El maíz blanco principalmente se utiliza para elaborar la harina precocida para las arepas y el maíz amarillo se emplea en las mezclas de alimentos para animales como pollos y cerdos.

Cifras de la Asociación Venezolana de Industriales de Harina de Maíz, Venmaíz, indican que entre octubre de 2021 y enero de este año se cosecharon 502 mil toneladas de maíz blanco y para cubrir la demanda será necesario importar 696 mil toneladas.

La demanda de maíz amarillo se calcula en torno a un millón de toneladas métricas y es necesario comprar en el mercado internacional a países como Brasil, Argentina o Estados Unidos alrededor de 700 mil toneladas.

El precio del maíz, de acuerdo con los contratos a futuro, experimenta un alza de 28% en el año y no hay razones para esperar un descenso en el corto plazo.

Los fertilizantes

La disparada de los costos no se limita a las materias primas, también impacta los fertilizantes para la siembra. El más utilizado es una mezcla de nitrógeno, fósforo y potasio que, tras el colapso de la petroquímica, Venezuela tiene que importar.

Los productores de fertilizantes emplean gas natural o carbón, por lo tanto, el encarecimiento de la energía en 2021 comenzó a presionar. Luego, la Unión Europea y Estados Unidos impusieron sanciones a Bielorrusia, uno de los principales exportadores y finalmente, la guerra afectó a Rusia, otro exportador clave.

El resultado es que el saco de 50 kilos con la mezcla de nitrógeno, fósforo y potasio aumentó desde 36 dólares en mayo de 2021 a 80 dólares en mayo de este año. Para el próximo ciclo de siembra de maíz, arroz y caña de azúcar los agricultores venezolanos sentirán el aumento de los costos.

Productos terminados

Venezuela depende en gran medida de la importación de productos terminados y lo poco que produce requiere un alto componente de materia prima importada.

Por lo tanto, el mecanismo de transmisión de la inflación global es relevante y en Estados Unidos y Europa las noticias no son buenas.

El aumento del combustible, disrupciones en las cadenas de suministro que reducen la oferta y la inyección de dinero por parte de los gobiernos para enfrentar la pandemia han generado un brote inflacionario: en Europa, la inflación es la más alta desde la creación del euro y en Estados Unidos, la mayor en cuatro décadas.

La inflación de Estados Unidos acumula un aumento de 8,6% en los últimos doce meses y Loretta Mester, presidenta de la Fed de Cleveland, explicó esta semana que tardará al menos un par de años en regresar a una variación de 2%.

El pasado 7 de marzo Nicolás Maduro afirmó que “ya estamos tomando las medidas para seguir nosotros en un proceso de control de la inflación y de estos fenómenos que pudieran presentarse, producto de la guerra”.

Empresarios temen que el régimen comience a presionar de una manera más decidida para contener el aumento en el precio de los alimentos básicos.

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