45º ANIVERSARIO…Francisco Narváez transformó la manera de ver la escultura en Venezuela

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LA RONDA: escultura de gran formato donada por su autor, el artista plástico venezolano Francisco Narváez a Porlamar, su ciudad natal en 1967.
La Ronda es una escultura vaciada en bronce, está ubicada en la plaza Bolivar.
La obra monumental representa a cuatro niñas tomadas de las manos, ejecutando el baile folklórico de la región del estado Nueva Esparta, llamado el Sepe-Serepe.
Francisco Narváez fue uno de los escultores más importante de el país, creador del conocido grupo escultórico «Las Toninas» que adornan la fuente de la Plaza O’Leary de El Silencio, en la ciudad de Caracas.

Su amplia producción artística proyecta su vocación de perfilar una identidad cultural asentada en raíces aborígenes, de usar el arte para el cultivo de valores y la sensibilidad en la defensa de la fauna y la naturaleza.
Redacción / @elsoldmargarita



Foto: ARCHIVOFrancisco Narváez nació en Porlamar el 4 de octubre de 1905, hijo de la unión de José Lorenzo Narváez, oriundo de La Asunción. / Foto: ARCHIVO

En 1979 se inauguró en Porlamar el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez, para el cual el artista donó una serie de obras / Foto: JHONNATAN BENÍTEZ | @jhonnaphoto

Foto: JHONNATAN BENÍTEZ | @jhonnaphotoEn 1979 se inauguró en Porlamar el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez, para el cual el artista donó una serie de obras / Foto: JHONNATAN BENÍTEZ | @jhonnaphoto
7 May, 2017 | Es el primer escultor venezolano que rompe todas las reglas académicas existentes. Pionero en la utilización de la rica variedad de maderas del país y el primero también en hacerlo en gran escala, con las piedras nativas: sobre todo con las de Cumarebo y Araya.

Considerado uno de los más importante artistas plásticos de Venezuela del siglo XX: pintor y escultor, quien según algunos historiadores del arte venezolano, su obra transformó de manera definitiva la forma de ver la escultura en Venezuela.

Nació en Porlamar el 4 de octubre de 1905, hijo de la unión de José Lorenzo Narváez, oriundo de La Asunción, capital de Nueva Esparta, ebanista, maestro de obras y restaurador de obras religiosas, con Vicenta Emilia Rivera, nativa de Porlamar. Entre 1912 y 1921 trabajó como ayudante en el taller de su padre, actividad en la que se originan las bases artesanales de su futura profesión.

Sus primeros estudios formales de pintura los inició en 1920 en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde recibió clases de Angel Cabré y Magriñá y Cruz Alvarez García, su primeros maestros de escultura. Con Marcos Castillo siguió el curso de pintura.

En 1928 realizó su primera exposición individual en el “Club Venezuela” en Caracas y ese mismo año se marchó a París para estudiar en la Academia de Julian, lugar en el que entró en contacto con el movimiento artístico de Montparnasse. Entre los pintores de la llamada “Escuela de París” que influyeron en Narváez durante este tiempo figuran: Raoul Dufy; Chaime Soutine y su violencia en las formas y en la manera de presentar el mensaje plástico; Amadeo Modigliani, en la pureza lineal de sus grandes planos; Moisés Kisling, en la sensualidad de las curvas y de la materia y en la forma de trabajar el objeto para hacerlo atractivo, cálido y humano.

Rompiendo esquemas

Foto: ARCHIVOLa Ronda, obra restaurada por la Alcaldía de Mariño, inaugurada el 27 de julio de 1967. / Foto: ARCHIVO
A su regreso a Venezuela en 1931, instaló su primer taller en el Barrio Obrero Nº 24 de Catia, al oeste de Caracas, convertido luego en centro de reunión de artistas, escritores y poetas. Dicho taller se mantiene en actividad hasta 1943.

Narváez se encontró con el hecho que su propuesta artística rompía con los esquemas estéticos vigentes hasta ese momento. No obstante, no hizo concesiones de ningún orden, creando por primera vez en el país un lenguaje escultórico propio, asociado a las raíces nacionales, exaltando y valorando además la belleza de sus elementos étnicos.

En 1942, gana el premio John Boulton con su obra titulada Negra de Barlovento / Foto: ARCHIVO

Esto le valió que poco a poco su obra recibiera el reconocimiento general. En 1934 se le encargó la realización de la fuente de Parque Carabobo en Caracas; entre 1937 y 1939, por recomendación del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, realizó varias obras de relieve para las fachadas de los museos de Bellas Artes y de Ciencias Naturales de Caracas. En 1939 viajó a Nueva York para decorar el Pabellón de Venezuela en la Feria Mundial de esa ciudad. En 1943 realizó una de sus obras más emblemáticas: Las Toninas, fuente ubicada en la plaza O’Leary de El Silencio.

En 1948 obtuvo el Premio Nacional de Pintura en el Salón IX Oficial de Arte Venezolano. Entre los años 1949 y 1952 ejecutó varias obras para la Ciudad Universitaria de Caracas, incluyendo los frescos para la capilla de la UCV.

En 1952 realizó la escultura ecuestre del general Rafael Urdaneta, ubicada en la plaza La Candelaria de Caracas. Un año después fue nombrado director de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas. En 1954 representó a Venezuela en la Bienal de Venecia, Italia.

En definitiva, con Narváez se inició una manera totalmente diferente de ver la escultura en Venezuela. En tal sentido, es el primer escultor venezolano en romper todas las reglas académicas existentes. Además, fue el pionero en la utilización de la rica variedad de maderas del país y el primero también en hacerlo en gran escala, con las piedras nativas: sobre todo con las de Cumarebo y Araya.


En 1979 participó junto a Héctor Poleo representando a Venezuela, en los segundos encuentros internacionales de Arte Contemporáneo, celebrados en el Grand Palais de París. Ese mismo año se inauguró en Porlamar el Museo de Arte Contemporáneo que lleva su nombre, para el cual el artista donó una serie de obras (35 esculturas, 11 pinturas y varias serigrafías). En 1981 ejecutó para la empresa Lagoven la escultura monumental “Gran Volumen” para la planta Amuay y en 1982 terminó una de sus últimas obras, la escultura “Armonía de Volúmenes y Espacio”, realizada para el Metro de Caracas.

En su obra se distinguen varios períodos: el figurativo, en el que predominan la temática auctóctona o indoamericana sin folclorismo, donde el volumen y ritmo son tratados con gran maestría; el ornamental, cuando crea obras de gran concepción en conjunto con la misma temática indigenista y mitológica; el abstracto lírico, en el cual realizó un grupo de talla hechos en piedra y madera de una estilización muy fina, en los que se desvanece la figura humana y, por último, el abstraccionismo geométrico, donde muestra grandes planos geométricos.

Dotó a Caracas de símbolos e identidad cultural

El 7 de julio de 1982 murió en Caracas Francisco Narváez, cuya obra escultórica en la plaza O’Leary de El Silencio, en la plaza Carabobo y el Parque Los Caobos, así como en distintos centros educativos, contribuyó a dotar a la ciudad capital de un conjunto de monumentos y fachadas que la distinguen por la vocación de perfilar una identidad cultural asentada en raíces aborígenes y el uso del arte para el cultivo de valores y sensibilidad en la defensa de la fauna y la naturaleza, en medio del bullicio del tráfico y los peatones de la ciudad.

Cincel propio

Foto: ARCHIVOFrancisco Narváez, doto de su arte a la Universidad Central de Venezuela. / Foto: ARCHIVO
Cuatro etapas ha transitado la escultura en Venezuela, una con énfasis en la obra religiosa, y donde destacan Fray Francisco con el Santo Cristo de La Grita y Juan Pedro López y sus obras para la Catedral de Caracas; la segunda, neoclásica, que cubre el siglo XIX republicano con influencia italiana de Tenerani y Tadolini, autor del Bolívar pedestre (1842) colocado en el Panteón Nacional, hasta Eloy Palacio y su Páez en las Queseras, y la India, ambas en El Paraíso de Caracas.

En los años 30 del siglo XX, con Narváez se inicia otra era, la nacionalista que, sin renegar de lo universal y el abstraccionismo, da venezolanidad a los personajes y entorno, trabajando -como asienta Alfredo Boulton- con la piedra nativa en gran escala, las de Cumarebo y Araya. La cuarta etapa sería la postmoderna o actual.

Venus criollas

El primero de los grandes conjuntos de Francisco Narváez, de 1931, lo constituye la fuente de la Plaza Carabobo -en la actual salida de una estación del Metro de Caracas-. La fuente tiene como centro cuatro haces de la mujer autóctona que expresa alegría y recuerda al observador la obra “El nacimiento de Venus”, de Boticelli, sólo que acá se trata de una Venus morena, con séquito masculino de rasgos también criollos. Haciendo ángulo con cada haz interno, el exterior de la fuente ofrece cuatro figuras, masculinas unas y femeninas otras, que tributan a las cuatro que en el centro reciben la honra de las aguas.

Foto: ARCHIVOEn 1934 se le encargó la realización de la fuente de Parque Carabobo en Caracas. / Foto: ARCHIVO
Las toninas

Animal básicamente piscívoro que se encuentra en el río Orinoco, esta especie de delfín, la tonina, inspiró a Narváez una obra que recoge su inclinación nacionalista y de defensa de la fauna, y la de mayor espectacularidad como artista de cincel y mandarria.

De acuerdo al crítico Alfredo Boulton, “Narváez ideó dos grandes grupos escultóricos, cada uno con cuatro figuras de mujeres desnudas que relatarían, en medio del juego de aguas, una leyenda folklórica de Margarita (Las Toninas, Plaza O’Leary). La tonina se encuentra hoy en peligro de extinción por pesca ilegal para su uso como carnada. Con este conjunto escultórico ubicado en la urbanización El Silencio, Narváez, instado por Carlos Raúl Villanueva, dotó al Área Metropolitana de Caracas de un centro articulador que irradia hacia los cuatro puntos cardinales”.

Foto: ARCHIVOEn 1943 realizó una de sus obras más emblemáticas: Las Toninas, fuente ubicada en la plaza O’Leary de El Silencio. / Foto: ARCHIVO