Es peligroso el discurso que abre las puertas a la intervención militar política

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El doctor Luis Alberto Buttó habló en el IV Foro Pasado, Presente y Futuro de la Fuerza Armada en Venezuela, que organizó CEDES

Sebastiana Barráez – Infobae

“Por el desconocimiento y desdén de esquemas teóricos básicos no ha podido explicarse cómo funcionan las relaciones entre civiles y militares, y lógicamente no puede haber una interpretación adaptado al contexto de los países subdesarrollados, de los países atrasados como el nuestro. Esa es la razón por la que no se ha entendido, por ejemplo, lo peligroso, lo pernicioso y lo malévolo que ha sido ese discurso que en nuestros países ha unido desarrollo con seguridad y que ha abierto las puertas para la intervención militar política, es decir, para que los militares se erijan en el árbitro supremo de nuestro destino nacional”, dijo el doctor Luis Alberto Buttó durante el IV Foro Pasado, Presente y Futuro de la Fuerza Armada en Venezuela, que organizó CEDES.

El profesor Luis Alberto Buttó es doctor en Historia, coordinador del posgrado en Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar y Director del Centro Latinoamericano de Estudios y Seguridad; es autor del libro Teoría y Praxis de las relaciones Civiles y Militares, así como otros 12 libros, además de artículos en revistas científicas especializadas y en Memorias Arbitradas de Congresos Científicos.

Consideró el catedrático que el título del foro está errado, “porque se está hablando de relaciones entre el poder militar y el poder civil, es decir se está colocando de hecho y de plano de facto y asumiendo que los dos poderes están al mismo nivel y eso es inaceptable en ninguna sociedad, porque desde el punto de vista de la doctrina democrática, de la doctrina republicana, en un país sólo debe haber tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial y por definición ellos están en ejercicio y control de los civiles. No puedes colocar una institución subordinada y obediente del Estado al mismo nivel de los poderes que definen un Estado nacional”.

“Las relaciones entre el poder militar y el poder civil han sido asimétricas, no han sido relaciones de igualdad. La única Fuerza Armada Nacional que tenemos, en el Siglo XX y lo que va del XXI, comenzó a organizarse en el Gobierno de Cipriano Castro y lo llevó a su máximo esplendor el Gobierno de Juan Vicente Gómez, con la última fase que es la creación de la Guardia Nacional en el Gobierno de Eleazar López Contreras”, asegura Buttó.

El IV Foro Pasado, Presente y Futuro de la Fuerza Armada en Venezuela, auspiciado por el Centro de Estudios de Democracia y Ciudadanía, el doctor Alejandro Oropeza explicó que CEDES (por sus siglas en inglés) es una organización creada en julio 2021 cuya finalidad es la investigación, capacitación y preparación sobre temas de democracia, ciudadanía, participación, DDHH, teoría y filosofía política.

El profesor Rodrigo José Mijares explicó que el objetivo de los foros es visibilizar y rescatar la institucionalidad de las Fuerzas Armadas Nacionales con el objetivo de lograr la plena democracia, donde la Fuerza Armada es un actor determinante.

Relaciones asimétricas

Buttó explica que “el Siglo XIX no cuenta, porque es el siglo del caudillismo y, por definición, donde hay caudillismo no puede haber Ejército Nacional y no se puede hablar de una Fuerza Armada Nacional. En esa etapa ha habido un predominio de lo que aquí se ha llamado el poder militar sobre el poder civil, porque la Fuerza Armada, en el grueso de este periodo, ha sido: A) en algún momento el actor político decisivo. B) el máximo árbitro del derrotero político nacional, el árbitro supremo, la teoría del último prestamista, el último decisor. C) O ha ejercido directamente el poder político”.

Dice que apartando “el hiato de la democracia liberal representativa, nos encontramos con que, en el siglo XXI, miembros de la Fuerza Armada, los militares vuelven a formar parte de la élite políticamente dominante del país. Hoy en día con un proceso que he denominado colonización militar de la administración pública nacional, al punto que se ha dado todas las características y los indicadores para la construcción de un modelo de Estado cuartel en su versión propiamente tercermundista, para un país subdesarrollado”.

Esas relaciones, a su juicio, “han sido insuficientemente debatidas, porque este debate en torno a las relaciones entre el poder militar y el poder civil forman parte de un debate mayor, que debería ser nacional y que gira en torno a tres consideraciones fundamentales: 1) ¿Qué Fuerza Armada queremos tener? 2) ¿Qué Fuerza Armada podemos tener? 3) ¿Qué Fuerza Armada debemos o nos conviene tener? Que no necesariamente van a coincidir las tres, pero siempre la sociedad venezolana ha rechazado ese debate”.

Lo más grave, dice Buttó, es que no solo ha sido la sociedad venezolana la renuente a debatir ese tema, sino que “ha sido un debate siempre esquivo al liderazgo nacional. Eso lleva a que el debate en torno a la Fuerza Armada que queremos, podemos y debemos tener, ha sido dejado en manos de los militares y eso ha generado históricamente un grado de autonomía militar que es inaceptable porque genera este proceso de asimetría de predominio del poder militar”.

Las consecuencias es que trajo resultados gravísimos para una sociedad. “El grado de autonomía, en cuanto a ese debate, se produce un proceso que se denomina asimetría de la información, de manera que hay una reserva, desde el sector militar, de aquellos datos que están relacionados con las operaciones militares, con el comportamiento militar, con la acción militar, otros. Eso no permite prever el curso de acción de los militares, por ejemplo, en cumplimiento de armas, de órdenes o de si están conspirando para dar un golpe de Estado”.

La segunda consecuencia grave de esa autonomía militar sobre el debate en torno a la Fuerza Armada Nacional, “es la selección adversa, que significa que en última instancia por estar centrado a ese debate en el sector militar, se terminan diseñando políticas militares y políticas para los militares que sólo favorece a los militares en concreto y que no necesariamente van a favorecer a la sociedad en general y que no necesariamente van a favorecer al proyecto político estratégico civil que debe de reinar en una sociedad”.

“Y la tercera consecuencia gravísima, es lo que se denomina riesgo moral; los civiles no pueden determinar si en tiempo de paz los militares están haciendo lo correcto, lo suficiente y lo debido para prepararse para la guerra que es su función, porque no se puede defender la integridad territorial de un país si no se está lo suficientemente preparado para hacer la guerra”.

Golpes de Estado

Destaca Buttó los equívocos cuando desde la doctrina democrática, doctrina republicana “se ha mantenido, a lo largo de nuestras constituciones, el mito de la Fuerza Armada Nacional como garante de la institucionalidad; eso es completamente falso y no puede ser conceptualmente porque la única garantía de la institucionalidad de un país es el pleno ejercicio de la ciudadanía”.

“En nuestros países, por una razón que no es baladí, y que tiene componente histórico, los soldados no son ciudadanos soldados y no lo pueden ser, porque han tenido que estar desprovistos de ciertos derechos políticos para que precisamente no intervengan en política, porque sin deber serlo han sido actores políticos y eso precisamente debe evitarse”.

Explica que hay una simplicidad de análisis que se limita, por ejemplo, en que hay golpes de Estado buenos y golpes de Estado malos; los golpes de Estado que te favorecen o favorecen a tu corriente política, los consideras buenos, los otros son malos; así las rebeliones militares en 1992 (4F y 27N) buenísimas, pero el golpe de Estado de abril 2002 (11A) abril de 2002 malísimas”.

“Asumir eso así no puede ser, porque se está utilizando a la Fuerza Armada con fines políticos que no le corresponde. Por otra parte, desde el mundo civil, se está colocando a la Fuerza Armada como responsable de los destinos nacionales. Eso es no entender cuál es la función de una Fuerza Armada dentro de una sociedad y por ello vemos a cantidad de analistas políticos pidiendo la intervención militar en política, dando a entender la supremacía militar sobre el sector civil”.

Rechazo al mito

El profesor Buttó considera que “las relaciones entre el poder civil y el poder militar, han sido mal interpretadas históricamente, porque en buena parte de ellas ha prevalecido la subjetividad objetivada, la subjetividad objetivada, que termina creando una especie de leyenda dorada y una leyenda negra, donde muchos de estos analistas que han pasado por la Fuerza Armada terminan señalando que el tiempo en que estuvieron en la institución fue un tiempo perfecto, por lo que se incurre en un error alertado por Octavio Paz, que hay un elemento fundamental en nuestra sociedad, clase social y grupos de actuación: la incapacidad para reconocer los propios errores”.

Destaca que, por ejemplo, se critica mucho a Hugo Chávez, “es decir, la tragedia de nuestro país se personaliza mucho en esa figura pero, cabría preguntarse, por qué cuando Chávez llegó al poder y llamó a ese conjunto de oficiales a colonizar la administración pública nacional, a dirigir Pdvsa, comunicaciones, industrias básicas, entre otros, no le dijeron ¿señor presidente, qué sé yo de la industria petrolera, de comunicaciones o de finanzas?”.

Rechaza el mito de que no existían problemas en las relaciones entre el poder militar y el poder civil, porque simplemente había democracia. “Se olvida un elemento fundamental: ninguna Fuerza Armada del mundo está para ser democrática ni tiene que ser democrática y es un absurdo que sea demócrata, porque no podía ser la Fuerza Armada de un país, porque no puedes estar deliberando cuando vas a enviar a un hombre a que tome un objetivo a sabiendas de que el hombre va a perder la vida”.

“Las Fuerzas Armadas están para la defensa, para preservar la Defensa Nacional, para preservar la integridad territorial de un país. Sore mitos tú no puedes interpretar las relaciones entre un poder como el militar y civil, porque elementos pretoriano y latente, que se están formando dentro de esa Fuerza Armada, llevan a insurgencias militares como la del 92. No me digan que el país, como dice el título de una película, en 1992 amaneció de golpe, todo el mundo sorprendido ¿cómo podía pasar esto si teníamos las Fuerzas Armadas más democrática del continente? La FAN no tiene por qué ser democrática y no está para ser democrática”, finalizó diciendo.