La cultura populista, la liberación del tiempo cerebral y la adulteración del pensamiento

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¿Por qué las producciones adulteradas del pensamiento superan a las proposiciones objetivamente fundamentadas? **Porque existen condiciones de entorno que favorecen a los productos fundados en la voluntad de la gente de asumir como ciertos los contenidos falsos de las redes que se alineen con sus pasiones. Es una realidad social extendida, desde principios de la década de este siglo, la proliferación de todo tipo de informaciones sin fundamento en la razón. Las ideas en las redes sociales no se desenvuelven en un mercado equilibrado y transparente entre las que derivan del instinto y las que emanan del conocimiento estructurado. En esos mercados ciertas ideas gozan de una condición oligopólica, no por sus capacidades intrínsecas para ir de una mente a otra, sino porque se benefician de efectos de difusión que aseguran su perdurabilidad”.

Francisco J Contreras M

La abrumadora difusión de información ha dado primacía a los juicios subjetivos pues los libera de la verosimilitud exigida por la calificación del conocimiento objetivo. Es un contexto que favorece al producto, cuya presentación es más satisfactoria por su correspondencia con las pulsiones básicas del ser humano. Las ideas solo pueden sobrevivir si les dedicamos algo de nuestro tiempo mental. Con la reducción de los procesos económicos vitales, resulta que ese tiempo disponible del cerebro ha aumentado de manera importante. Esa disponibilidad es la misma para todos y posee un valor superior a lo que uno pueda imaginar y ha sido la fuente del progreso de la humanidad. Sin contención alguna, ese desequilibrio permite la depredación del saber objetivo frente a las creencias.

La relación fluida y poco demandante de energía mental de las creencias, de las emociones y de lo instintivo, de eso que ha sido llamado “pensamiento rápido” por Kahneman, dan origen a una relación entre oferta y demanda que les son favorables y adictivas por estar profundamente arraigadas en nuestra propia naturaleza.

Desde el llamado metaverso se levanta el secuestro de la voluntad sin pausa en los lugares públicos, en las salas de espera, en nuestra propia cama, al despertar o antes de irnos a dormir. Es la tentación corrosiva de ahuyentar el vacío existencial auscultando en las redes, atraídos por ese malestar interior tan poderoso que no exige gasto en reflexión, es la evasión perversa del instante que llega con un algo placentero en sí mismo. No es excesivamente distópico imaginar que la realidad virtual progresará tanto, que representará un poder de absorción de nuestra disponibilidad mental mayor que la ficción actual de los videojuegos y el insulto vacuo al interior de las redes.

¿Qué sucederá cuando las satisfacciones que se ofrezcan en el mundo digital sean tales que compitan con las del mundo real? ¿Deberíamos estar satisfechos cuando el tiempo cerebral liberado por el avance tecnológico, sea reemplazado por los placeres de un mundo alternativo y quimérico? ¿Quiénes serán los investigadores, los creadores del mundo real de la cultura o los maestros que no podrán dar toda la capacidad de su potencial intelectual porque parte de su ensoñación habrá sido embargada por el morbo y los placeres mentales más que por el denodado esfuerzo de la exploración metódica de lo posible? ¿Cómo dialogar a la hora de que todo el discurso se reduzca a una caterva de descalificaciones que toman el lugar de la ciencia como fiel de balanza al momento de dar por sentada cualquier sentencia?

Como nos han enseñado las sabidurías proverbiales de la historia de la humanidad, la capacidad de diferimiento equilibrado del placer es la clave del éxito de cualquier emprendimiento o proyecto vital existencial, es lo que en la ciencia económica se denomina preferencias inter temporales. Es ese estado movedizo del desequilibrio dinámico entre gozar hoy de los excedentes de dinero y diferirlo por la promesa futura de un algo más. Resulta que nuestro cerebro está diseñado para arbitrar entre placeres a corto plazo y planes a más largo plazo. Por lo tanto, la supremacía de los bucles adictivos y el robo de nuestra atención constituyen una real amenaza.

Por eso se debe desmentir cualquier discurso que pretenda conferir legitimidad a las expresiones más angustiosas, por muy tentadoras que parezcan a nuestro cerebro. El fatalismo antropológico del populismo no debe confundirse con una especie de respeto por el pueblo. No es más que un proceso de involución de lo peor de nuestros arrebatos.

@fjcontre35