La conexión con las masas, por Carlos Blanco

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Carlos Blanco

1. Esa preocupación casi eléctrica de conectar con las masas es tradición en la política de todos los tiempos cada vez que hay un bajón en el ánimo ciudadano. Esa expresión no es inocente: sugiere que unos –los dirigentes políticos- deben (re)establecer el vínculo ausente o perdido con los otros –los ciudadanos de la calle- que ahora estarían mirando hacia San Mateo. Entre nosotros se recuerdan los tiempos en los que esa “conexión” existía: las jornadas de 2002, 2003 y 2004, y otras parecidas hasta la coronación del interinato en 2019.

2. Desde entonces, esa ligazón fue desvaneciéndose y ahora parece extraviada; cada cual anda por su lado, los dirigentes en busca del pueblo perdido y los de abajo en una dinámica de aborrecer a tiempo completo a aquellos que ponderaron, siguieron, quisieron y en algún sentido, adoraron. Una curiosidad particular es que los más ensalzados de ayer son los más detestados de hoy. Cada vez que asoman la nariz, pasa la cuchilla del Twitter para rebanársela.

3. Los más detestados buscan argucias para restablecer la ilusión traspapelada: se muestran solidarios con causas ajenas y simpáticas (sea el cambio climático o la condena a Rusia) para triangular un gesto de simpatía que les pegue de rebote. Pero nada. No lo logran y la furia no hace sino crecer.

4. Por el lado ciudadano las cosas no son mejores. La rabia contra el orden chavista no cesa, solo que se ha extendido en contra de otras capas inesperadas, empresariales, políticas, gremiales, profesionales y hasta de los medios de comunicación. Esta situación quiere ser embutida en el relato del régimen: la gente está cansada de la política y lo que quiere es trabajar, vivir, respirar, sin que el juego de los de arriba la perturbe más de lo que lo ha hecho.

5. Sin embargo, pareciera una visión discutible. Es cierto que hay muchos que están “mejor” hoy que el año pasado gracias a que la inflación pasó de la velocidad supersónica a la subsónica, la dolarización y su magro derrame hacia abajo, las remesas, el rebusque masivo, una economía contraída cada vez para menos participantes (una torta pequeñísima para menos comensales), la entrada y salida regulada de las divisas en el mercado, reducción del gasto público, control draconiano del crédito bancario, mejores precios del petróleo y mayor producción; medidas todas suspendidas del hilo de la casualidad y de su insostenibilidad, no de una economía basada en las instituciones, la ley, el respeto a la propiedad privada y al emprendimiento honrado. Estamos mal y vamos mal, aunque una burbuja de aire alivie la asfixia para algunos, prestándose los respiradores los unos a los otros.

6. De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (UCAB), en 2021 más de 94% de los venezolanos era pobre en términos de ingresos y más de 76% estaba en situación de pobreza extrema. ¿Alguien, más o menos serio, pensaría que tal situación es hoy sensiblemente diferente? ¿Pasar de recibir, por ejemplo, 10 dólares en un mes a recibir 13, hace a alguien no pobre? Confundir la situación de la mayoría con la de 7% con más ingresos o de 2% que flota en la abundancia y hace foros, conferencias, reuniones con esa cosa fofa que es el “optimismo sobre la situación”, es crimen de comprensión lectora.

7. En este contexto, que haya dirigentes que se planteen “conectar” con el país supone dos errores graves: el primero consiste en que la solución es un problema de enchufe, en este caso de los dirigentes con los de abajo; en segundo lugar, es suponer que los dirigentes lo son ad eternum y que la “desconexión” es un hecho circunstancial; remediable si hay cables, alicates y cinta adhesiva. No se advierte que el problema es más profundo y consiste, precisamente, en estar “afuera”, en concebirse como lo otro del movimiento social y popular, que solo tiene un problema de “enchufe”. No se advierte que un dirigente “desconectado” no es dirigente de nada ni de nadie, ya no es dirigente; que los que siguen disfrutando de la franquicia que una vez tuvieron están perdidos en el espacio sideral.

8. No se trata de restablecer el vínculo perdido sino de reconstituir una dirección política en un proceso de masas: unos volverán a ser reconocidos, otros continuarán en la península del repudio colectivo y, más allá, emergerán rostros nuevos. Este objetivo solo se puede lograr en un proceso ciudadano.