Rafael García Marvez: Escarbando los intersticios

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Este texto escudriña las manos de los guaqueros, hombres que pierden las huellas mientras escarban entre los muertos y extraen los artefactos que acompañaron a los antepasados en su último viaje y que luego se exhiben en museos, casas y galerías: Mario Jaramillo.

Escarbando por los intersticios, escudriñando entre la memoria, nos tropezamos que dentro del espectro, esa figura irreal de la política nacional, son pocos los hechos nuevos de trascendencia que se crean, o que sean desconocidos. Como consecuencia, se da un desgano o indiferencia por el acontecer político que invariablemente favorece al régimen de Nicolás Maduro. Más allá de la Covid-19, el trabajo de proselitismo de los dirigentes políticos opositores, quienes se dedican con mucho afán a visitar zonas populares, ellas las más populosas, no tienen ningún sentido —salvo que dentro de sus intimidades aspiren ocupar un cargo público proveniente de elecciones regionales o locales, reunirse, por ejemplo, con estos compatriotas para hablarles del caos y carencias en la cual vivimos, es una estulticia. Pues ellos son víctimas principales, digamos actores de primera línea, que se baten día a día con la inflación, las faltas de agua, de electricidad, de gas y tantos otros males en un país que está en la cola de los más subdesarrollados, detrás de Zimbawe.

¿Qué hacer entonces? ¿Cuál el camino a seguir?  Lo primero que se debe hacer y con mucha premura es unirse. Dejar la dispersión a un lado. Hurgar hasta conseguir la unión, todos empujando hacia el mismo blanco. Los problemas internos de la oposición, la dispersión, los errores cometidos hasta ahora, las aspiraciones exageradas, estrategias atolondradas, no son pecados que pertenezcan a la dictadura; ellos hacen su trabajo, la oposición debe hacer el suyo, y, por supuesto, hacerlo bien.

Esta dejadez debe cesar; hay que dar los giros que sean necesarios para que los grupos opositores se integren en un solo bloque; cuestión muy simple ya que el fin, el objetivo, es exactamente el mismo. Hay que ejercer la máxima presión para que el gobierno acelere el paso para que ingresen en el país las vacunas y así combatir con efectividad la pandemia, que es el efecto paralizante más importante para retomar la calle. La protesta pública debe reiniciarse sin poner el pecho al aire, sin enfoques épicos, sin escudos de cartón. Para el presidente de la Academia Nacional de Medicina, el proceso de inmunización contra la COVID-19 en el país se encuentra en punto muerto debido a la poca cantidad de vacunas que han llegado. Hasta ahora 880 mil dosis, y se requiere de 30 millones para vacunar a 15 millones de personas.  Es decir, que la cobertura hasta ahora está por debajo del 1% de la expectativa. La vacuna es un arma de lucha política perversa, pero es la realidad.

Para terminar, es notorio como ha venido disminuyendo el frenesí en los potenciales candidatos a gobernadores y alcaldes de la oposición, salvo contadas excepciones. Todo se debe a que se han percatado de que los venezolanos no saldrán a votar sino hay garantías, respeto a su voluntad de elegir sin artimañas. Si no hay unidad y si no hay candidatos únicos a gobernadores o alcaldes. Esa es una decisión tomada por los ciudadanos con anticipación de manera libérrima, sin que en ella puedan influir liderazgos cuestionados y de dudosa solidaridad con los principios democráticos.

Mientras tanto, el régimen sigue adelante con su plan del Estado Comunal. Ya hay una designación unilateral de rectores del CNE, la mayoría de los elegibles están vinculados al PSUV. Este lunes Juan Guaidó rechazó el nuevo CNE presidido por Elvis Amoroso, actual Contralor General de la República y amigo de la pareja presidencial. Siempre hay que dejar algo para la imaginación del lector…

garciamarvez@gmail.com