Chavismo, el nuevo paradigma de la dictadura latinoamericana o cómo hacer la guerra a los ciudadanos

Compartir

Luis Aristimuño

A los venezolanos capaces de visibilizar la dimensión de desventura por la que atraviesa nuestro país se le presentan, estando adentro o afuera, dos opciones principales del sentir interior: medir y aceptar lo que sucede, sin dejarse abatir; porque, no importa como hable en público de este asunto, por su condición humana y moderna siempre tendrá esperanzas, aunque quizá menos impulsiva o más realista; o, ante la enormidad, desviar la mirada y aferrarse, igualmente, a lo mejor de una manera ciega, a la espera de la indefectibilidad de la caída que suele ser asociada a los regímenes fácticos; esa probabilidad de alcanzar de nuevo la ansiada liberación que nuestra fabla popular ha apresado en la frase “A todo cochino gordo le llega su sábado”.

Mientras tanto, siempre resultará provechoso leer y compartir filosofía, poesía o fotografiar y publicar a la familia o recordar lugares y comidas típicas de nuestro país. Cada quien verá con qué distraer la angustia.
Soy de los convencidos de que la mejor y más racional manera de ahogar el desasosiego es enterarse de cómo se urdió y cuán grave es la catástrofe causada por el chavismo; y al mismo tiempo ahondar en la naturaleza criminal de este; quizás algún día tales conocimientos sirvan a la ansiada reconstrucción.
El régimen que ha destruido a Venezuela es una variante –en estos tiempos bien cabría la palabra “mutación”— de la dictadura latinoamericana, de la que guarda como signo común el uso de la fuerza y el retorcimiento de las leyes para mantenerse; pero que, en cierto sentido, inaugura una forma de opresión bastante más destructiva.


El dictador latino clásico tenía como causal la ambición personal de poder y el deseo de riquezas aparejado, lo que satisfacía mayormente mediante la fuerza. No obstante, también llevaba implícita la propensión de “ser” el Estado, siguiendo la tradición monárquica.
Así que, al ocupar aquel papel asumía sus funciones y, en muchos casos, podía llegar a ser, sin entrar en la cuestión de las libertades, eficiente administrador público, sobre todo en el área económica. Los ejemplos sobrarían.
Aún más, el primer gobierno que habiendo utilizado el proceso eleccionario y democrático para llegar al poder y al que se le consideró de corte autoritario debido a que forzó su continuidad cambiando las leyes y utilizándolas a su favor –hasta se le dio el término “Neo dictadura”—, el de Alberto Fujimori en Perú, implementó políticas exitosas para superar la crisis económica en la que habían sumido circunstancias anteriores a ese país: una mezcla del malos gobiernos y la aparición del movimiento terrorista “Sendero luminoso”.


El chavismo, como es evidente, utiliza las armas para mantenerse y aun la más reciente técnica dictatorial de forzar su participación ventajista en los procesos eleccionarios –en la que ha logrado una habilidad innegable aprovechándose quizá de su condición sin precedentes—; pero su contribución más significativa al devenir de los regímenes de fuerza en AL ha sido zafarse casi por completo de las obligaciones de Estado; incluso de la de mantener un básico equilibrio económico.
Este nuevo uso dictatorial apareja dos devastadoras consecuencias: por un lado le deja el campo libre a los funcionarios y cómplices de toda laya para acometer la corrupción más desvergonzada, superior a la de cualquiera de los regímenes preexistentes; y mayor dedicación a reprimir los brotes de rebelión popular; lo que conlleva a la creación de cuerpos para esas tareas y al aprendizaje y la especialización de técnicas de tortura y desapariciones, hasta el punto de haber convertido su rección gubernativa en una auténtica guerra contra los ciudadanos.


Mientras, por inercia, se produce un desgajamiento que lleva a una decadencia profunda, evidenciada en una destrucción continuada de las estructuras físicas e institucionales y aun del tejido social.
Al abandonar por completo el sistema económico hasta su desaparición, se ve obligado, con el fin de reemplazar el imprescindible ingreso –que ya no podrá proveer en cantidades adecuadas la actividad productiva– por las operaciones ilegales y, como efecto lógico, a la alianza estrecha, transcendental, con la delincuencia nacional, convertida en su aliado para la represión, e internacional, a la que utiliza para intentar suplir el intercambio en procura de las necesarias divisas.


Para finalizar esta primera entrega podemos establecer que la iniciación del chavismo en las actividades de narcotráfico puede documentarse en el mismísimo comienzo de su no-gobierno, los años iniciales del Siglo XXI; por lo que mal podría achacarse su directriz de abandonar el control de la economía y la búsqueda de divisas mediante cómplices delincuenciales al bloqueo internacional de ahora o a cualquier otra causa que no sea el hecho de que, desde sus inicios, estaba programado para convertirse en lo que es hoy (Avión de transporte militar de fabricación china, varado en pleno servicio en el Sur del país, al estallarle varios cauchos. 7 de agosto de 2019).