Cuadernos de Apuntes…un paseo dede época

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Esperé el autobús de Caimán en la avenida Gran Mariscal, al frente de la casa del doctor Luis José Blanco, me subí a ese injerto de camión con barco que era la unidad de transporte urbano que nos llevaba desde Caiguire hasta el centro de la ciudad, y cuya parada estaba al frente del cine Paramount, allí precisamente bajé, era sábado y ya se sentía el bullicio de la gente que sellaba sus cuadros de caballos en el local de Quintero, diagonal a la plaza Miranda. Otras con sus bolsas de compra se dirigían al mercado caminando por el puente Guzmán blanco.

Dudé en si me tomaba una chicha del Paisa, o un raspao de Joselito, ambos habían estacionado sus carros , cerca de la plaza por donde los transeuntes circulaban, opté por tomarme el raspao, costaba una locha el de tamarindo en vaso de cono, el de vaso normal era un medio real. Pituca alborotó al gentío, con sus brochas y galones de pintura, iba rumbo a la iglesia Catedral, dio un saltito como una venadita imitando a Bambi, cuyo poster gigante, que alguien pintó a mano , ese día exhibía el Paramount. Zerpa, el bachiller de la locura, sintió el manotazo en sus partes íntimas del pintor de brocha gorda en su huida jocosa por los lados del correo hacia el sitio de trabajo frente la Plaza 19 de Abril. Arrastrando su ruidosa carretilla llena de botellas, toma ahora protagonismo el negro José Victorio, que canta a pleno pulmón el corrío de Juan Charrasqueado, imitando a su gran ídolo Toni Aguilar.

La Purpurina marcha rumbo a la calle Comercio, con su caja de desperdicios y una cola de perros hambrientos que atenderá con esmero en las gradas de la iglesia Santa Inés. Yo voy hacia la calle larga a comprarme un par de medias blancas para el uniforme del domingo del Colegio San José. Cruzo el puente, camino un poco para llegar a los Almacenes Tobía, entro al recinto oloroso a telas y plásticos acopiados en los grandes estantes de la mayor tienda de Cumaná. Afuera el calor arrecia y la avenida Bermúdez siente el torrente humano caminar por sus aceras.Saco el pañuelo seco la mojada frente y me enfilo hacia la parada del autobús, Caimán no tardará en llegar, mientras tanto, en la espera me tomaré una chicha y me compraré un dulcito de los que venden los chinos del restaurant París.

  
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