El Abuelón de Las salinas de Araya

Compartir

Por: Aníbal Núñez Pérez

Esta leyenda trata de hace muchos años, cuando la gente empezó por primera vez a extraer sal de la gran salina. Algunos la sacaban en plena luz del día, otros se atrevían a introducirse al agua en medio de la oscuridad reinante completamente desnudos. Estos hombres traían la sal con sus propias manos: puño a puño. Y empezaron a llamarla “El oro blanco” que le era muy útil para el comercio la alimentación, salados de carnes y encurtir pieles de animales. Cuentan quienes trabajaban en la noche debían alumbrar con fogatas los alrededores de la salina para poder realizar sus labores por intensa oscuridad. Algunos temían ya que se veían bolas de fuego que salían del agua y se perdían en el firmamento, pero era tanta la necesidad de extraer la sal que todos se lanzaban a la laguna exponiendo hasta sus vidas.

Narra la leyenda, que esa noche sintieron que el agua empezó a temblar y se agitaba fuertemente y vieron salir desde el centro de la salina a un extraño ser muy alto, totalmente blanco, con barbas largas y caminaba sobre las aguas, mezclándose junto a ellos. Todos enmudecieron y en el silencio aquel ser enfureció haciendo gestos de muerte y gritando raras palabras de un idioma jamás escuchado, provocando que todos los hombres que estaban dentro de la salina corrieran despavoridos llegando a las orillas dispersándose por distintos caminos. Quedando en el agua solo el extraño ser, que desplazándose velozmente y sumergiéndose de nuevo en las espesas aguas salinas donde desaparecía.


La gente de Araya le llamaba el Abuelón de las salinas. Después de este suceso todos los hombres decidieron sacar la sal durante el día y respetar la noche por el temor de encontrarse de nuevo con esta criatura. Los ancianos narraban que a este misterioso ser le había sido encomendada la misión de cuidar y proteger por siempre intactas las salinas, para que nunca fueran violadas, quedando su espíritu como el protector eterno de las rosadas y ricas salinas de Araya.

  

Compartir