A propósito del juicio y fusilamiento de Manuel Piar: Condena de Muerte

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Por: Orlando Enrique Balbás Sanchez
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A la caída del sol, toda Angostura sabía, con excepción del acusado, que Manuel Piar, General en Jefe de los Ejércitos de la República, sería ejecutado al siguiente día, a las cinco en punto de la tarde.
En la gran casa frente a la plaza mayor, habilitada para su cautiverio, Piar juega ajedrez y toma jarras de vino con el Capitán Juan José Conde, elegido expresamente por Bolívar para que fuese su carcelero, por el imbatible odio que le profesaba y por su habilidad para ocultarlo. Pero a los doce días de convivir estrechamente con Piar, en aquella espaciosa alcoba de techos muy altos, el rencor que represaba para darle salida en el último instante, se le fue sin darse cuenta. Sorprendióse el propio Conde que aquella tarde, víspera de su muerte, se sintiese invadido de viva simpatía y aguda congoja por el prisionero. Piar no era el negro alzado y retaliativo del que hablaba Bolívar: era un hombre simple y bueno, donde habitaba y dormitaba el genio de las batallas…

Esto se le escuchó decir al propio Almirante Luis Brión, tan curazoleño como Piar y su mejor amigo de la infancia, aunque haya sido el primero en condenarlo a muerte, en su carácter de Presidente del Consejo de Guerra. Su tío, Francisco Conde, otro de los siete jueces, le susurró en un receso que tuvo él tribunal a mediodía:

– El caso Piar es tan grave, que Carlos Soublette, Fiscal acusador, no sólo pide su ejecución, sino que sea ahorcado como un vulgar bandolero…exige también su degradación. Tan pronto Conde salió al corredor, alguien le comunicó que hacía más de media hora el consejo había hecho público su veredicto: Piar había sido condenado a muerte por fusilamiento. Aunque toda angostura sabía, desde que lo vieron llegar, que Manuel Piar sería condenado a la última pena, a Conde no sólo le parecía absurdo, sino irreal, que el vencedor de San Felix, el hombre que hace apenas seis meses derrotase al ejército español, fuese juzgado por sus tres mejores amigos y cuatro de sus camaradas y, luego de una pantomima de doce días, como lo vocea con ira la gente, se le arrebate la vida.

– La decisión fue recibida con general repulsa. Isabel Soublette, hermana del Fiscal y amante de Bolívar desde sus tiempos de Haití, les hizo una escena a ambos, poniéndolos por el suelo. Cuando Soublette bajó a la calle, cuatro damas de alcurnia solicitaron gracia para el condenado.
– Bolívar tras una ventana de celosías observa atento lo que está sucediendo abajo. Un cortejo de damas y caballeros rigurosamente cerrados de luto, bajan por la calle Sur en medio de la expectación de la gente. Al pasar frente a la casa-prision, los hombres se descubren , las mujeres se santiguan.
– Diego!!! – clama Bolívar dirigiéndose a Ibarra- agarra un batallón y me acordonas esa calle para que nadie pase!!!!

– Mañana, 16 de Octubre de 1817, Manuel Piar subiría al gólgota a orillas del Orinoco.
– Piar salió de su celda trajeado con todas las galas de General en Jefe. Al llegar a la puerta de la calle un espeso silencio cayó sobre la multitud. El cura le presentó un crucifijo. Quebró la rodilla y la besó con fervor. Luego de bendecirlo, el Vicario corrió hacia su casa.
– Salta confusa y desgarrada la voz de Piar. Resalta una descarga. Bolívar se detiene. Buscando apoyo en la gran mesa de su despacho, parece desmayarse. Con voz sacudida por el llanto exclama desgarrado:<>.
***Francisco Herrera Luque. Piar caudillo de dos colores.
(Todo lo referente a este capítulo I , es rigurosamente histórico, incluyendo la significativa exclamación del Libertador)
NOTAS:
A Piar se le condena por rebeldía, sedición, insubordinación y resistencia al arresto.
Las acusaciones contra Manuel Piar, no tienen bases firmes ni reales.
También se le acusó sin prueba alguna, de:
1. Conspirar para secesionar la región de Guayana y anexarla a Brasil en acuerdo con el Rey Juan VI de Portugal.
2. Planificar la creación de una República de mulatos y pardos en Guayana.

  

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