Petare: fogonazos en la oscuridad Luis Aristimuño

  
Hay cuestiones, partes de un silogismo, que se han mantenido incólumes durante estos últimos años de la tragedia venezolana causada por el chavismo. Una de ellas es que dentro del pranato no se permitirá ningún esfuerzo para una salida pacífica a la situación actual. La causa fundamental es que Venezuela es un país tomado por el régimen cubano, factor que realmente decide; y este nunca accederá a una solución, cualquiera que sea, porque aceleraría su propia caída. Es una realidad que muy pocos países, salvo EUA, toman en serio. Ni siquiera la misma oposición venezolana.
La segunda es que el modo más seguro de salir del pranato seria mediante una invasión militar desde el exterior; y que, mientras esta más se tarde, más urgente se volverá para los venezolanos (hoy más de un 80% de ellos la apoyaría).
Y la otra, que sin intervención militar será inevitable una confrontación interna. Sin embargo, una guerra significa dos bandos armados, cosa que difiere de la realidad nacional, en la que uno de ellos, la gente, no lo está.
Siempre pensé –aunque no lo escribiera— que si no tenía armas la gente buscaría la forma de hacerse con ellas. Sucede siempre que una situación prolongada de hambre y necesidades la lleva a ese extremo para salvarse. Y las armas en Venezuela están en la calle. Solo ha faltado que estas caigan en sus manos. Y ya antes estuvo tal posibilidad en el aire. No tanto en las intentonas militares fallidas como en la aparición de la figura de Oscar Pérez. A este solo le faltó un poco más de tiempo para convencerse de que, después de haber desafiado al pranato, la guerra total era su único camino. Y mucha gente le hubiera seguido.
Y ahora de nuevo está sucediendo. Esta vez en Petare. Allí se le ha abierto una de las grietas más serias al sistema paramilitar que desde el vamos implementó el régimen cubano con anuencia y colaboración entusiasta del infame Hugo Chávez: elementos delincuenciales. cuyos cuarteles son las cárceles, para el control de los barrios; como brazo armado para sofocar las protestas y como cuerpos defensivos en caso de una temida invasión desde el exterior. A cambio se les otorgó armamento militar y patente para el tráfico de drogas y otros delitos.
Un primer grupo delincuencial destacado allí, un “subgobierno de facto” al mando de un delincuente llamado Wuilexis, podría estarse hoy legitimando con la aceptación popular. Y como respuesta, desde los cuarteles/cárceles, ha sido enviado otro grupo, seguramente liderado por un pran, para que eliminen al anterior (el actual pran les dice a estos rivales en su voz gangosa: “Gente que nadie de acá conoce y que quiere quedarse con las casas”).
Este es el origen de las escaramuzas diarias que hoy se libran en Petare en forma de balaceras; de las que los habitantes oyen y observan sus fogonazos en la penumbra, desde casa, en sus noches sin electricidad. Y, para más, en un entorno intrincado, lleno de callejuelas y callejones, donde resulta difícil un combate abierto.
Hasta ahora, ojo, es solo un contratiempo para el régimen, pero este no ignora sus posibles repercusiones. Por ello Maduro, títere/gañote de los Castro, no se olvida de incluirlo en los malosos potes de humo que últimamente se montan bajo la coordinación del G2, donde Wuilexis es un infiltrado enviado por la DEA.
Luis Antonio Carvajal Chacón

Compartir

Sobre el Autor

Luis Antonio Carvajal Chacón
Licenciado en Comunicación Social Universidad Cecilio Acosta del Zulia Locutor y Moderador de Radio y Televisión en el Estado Sucre CNP: 21.184