Narciso Pérez García Evenar C.A…. La Artesanía como negocio

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Una llamada de Andrés Mejías me puso en contacto con un Director del Ministerio de la Cultura, ofreciéndome el cargo de Coordinador de Evenar C.A para el oriente del país. La idea de volver a Cumaná y trabajar en el sector artesanal me engancho de inmediato, trasladándome al Museo de la Mira, en Margarita, para ayudar en la etiquetación de sus muestras. Sería mi primera tarea.
Como filiar de Corpoindistria, su sede estaba en Maracay y su figura jurídica, una compañía anónima. Las empresas del Estado, salvo excepciones, suelen ser manejadas sin atender mucho la relación entre costos operativos e ingresos, dependiendo mayormente de aportes institucionales; un hecho en extremo controversial que ignora los estímulos generados por la inventiva y el desempeño, dos elementos claves en su éxito. Desde sus objetivos, resultaba impecable: contemplaba la investigación, la asistencia técnica, el financiamiento, la promoción, la organización del artesano y finalmente, la comercialización. Sin embargo, distaba mucho de ser una palanca efectiva para impulsar el sector: la necesidad de comprar caro y malo, para ganarse la simpatía del artesano; y luego, vender barato, le hizo acumular enormes inventarios de dudosa calidad y difícil salida, mostrándonos las consecuencias de éste proceder.

Feria de Cerezal

No se conoce un oficio sin haber trabajado en él y comprar artesanías es algo especializado. Una elección que integra el precio, los acabados, el diseño, la calidad de sus materiales y los gustos del consumidor; además, requiere de una correcta diferenciación entre los productos de ciclo largo y corto, agregando con la adquisición moderada de éstos últimos, la frescura de nuevos inventarios. Mi formación distaba mucho de ser la requerida para conducir acertadamente el trabajo encomendado. En una empresa seria, hubiera sido imperativo una capacitación previa, especialmente en el área comercial, pero en la directiva de Evenar C.A, la rentabilidad era un objetivo secundario; sus altos cargos eran un trofeo político para las aristocráticas esposas de prominentes empresarios de Maracay, deseosas de protagonismo cultural.

Al llegar a Cumaná, inicié una investigación con el estudiante Luine Ávila sobre la Cerámica de Manicuare; para ese momento, casi extinguida después de una gran inversión en la construcción de un centro alfarero que de manera insólita, ignoró el verdadero problema: la carencia de leña para la quema al aire libre, una práctica ancestral inviable por su escases en la península y los costos de traslado desde tierra firme. Esta pesquisa aporto las líneas de acción, permitiendo elaborar un plan de rescate con el Geógrafo Luis German Pérez y la asesoría de Mario López, un productor de cal de Muelle Cariaco fabricante de hornos a gasoil. Con el apoyo del Maestro Alfredo Almendia en el manejo de la nueva tecnología, en cuestión de meses, resurgieron las hermosas piezas de terracota bruñida mostrando el orgullo de su singularidad.

Doce artesanas trabajando en sus viviendas, reencontrándose con su oficio, mejorando los ingresos de sus núcleos familiares. Una experiencia que enfrentó los celos del Centro Cultural de Manicuare, argumentando que el nuevo horno era un atentado contra la tradicionalidad; reclamos que serían rechazados por las propias ceramistas.


Cleto Rojas pintor ingenuo

Paralelamente, empecé a visitar Cerezal, una aldea asentada en la culata del golfo, entre poblaciones con tránsito hacia las montañas de Caripe, más relacionada a la agricultura que al mar; zona de antiguos esclavos cimarrones de origen senegalés y sorprendentes peinados femeninos, de añil y turrones, de peleas de caimanes y música de estribillo. Cercana al río Carinicuao y surgida del parcelamiento de tierras del Sistema de Riego de Cariaco, Berta Vargas y otros residentes, aprovecharon comercialmente los flujos de visitantes a los carnavales de Carúpano a mediados del sesenta, para mostrar sus muñecas, cestería y trabajos en taparas, hasta ese momento una actividad relacionada con las festividades y el hogar. Con abundante mano de obra desempleada, materia prima y la introducción de la mueblería de cautaro y bejuco, floreció una ocupación cuyos excedentes permitirían la creación de un poderoso sector de comerciantes ubicados a orillas de la carretera, convirtiéndola en centro de acopio y venta de productos locales; también, de la cestería de moriche elaborada en Monagas.

El presidente de su Junta Comunal, Rafael Sánchez se plegó rápidamente a los planes propuestos, comenzando la organización de La Primera Feria Campesina Artesanal del Estado y su Salón de Arte Popular. Con titulares en la primera página de la sección de cultura del periódico El Nacional y en medio de una multitud inusitada que colapsaría la troncal 9, La Feria convocaría artesanos, artistas y músicos, convirtiendo el pequeño caserío en centro de interés durante tres días del Estado, mejorando con su éxito el posicionamiento comercial de la comunidad.

Luego de ésta actividad, concretamos un convenio con la Escuela de Ciencias Sociales de la UDO para un levantamiento de datos entre sus pobladores, descubriendo la precariedad del rendimiento de sus cultivos, el desempleo, alcoholismo, las fracturas familiares y la migración de su población a otros centros urbanos. Si bien la artesanía se había convertido en una fuente de ingresos complementaria para los campesinos empobrecidos, el verdadero problema era la falta de políticas agrarias que enfrentara la precariedad económica de sus habitantes.

Con tan reveladores datos, me pareció un sinsentido refugiarme en la tranquilidad de mi oficina, redoblando el esfuerzo por construir un liderazgo que pronto levantaría el recelo de sus dirigentes, herederos de la emblemática reforma agraria venezolana y un sistema de riego marcado por acusaciones de malversación y corrupción.

Al alcanzar notoriedad nuestro trabajo por la Feria y hacer público los resultados de la investigación, fuimos señalados como inconvenientes. Una secuencia de anónimos en los periódicos locales tachándome de mercader fue la respuesta inmediata. Una mañana, recibí la visita de un personaje con aires aristocráticos y traje costoso que dijo ser el representante de la CTV en el Directorio de Corpoindustria, entregándome una carta de destitución en donde se me acusaba de producirle graves daños a la empresa. Sintiéndome atropellado, me negué a firmarla, logrando tan solo cambiar lo términos del despido; marcaría el final de mi permanencia en la empresa.

Cerezal Edo Sucre


En Evenar estuve cuatro años permitiéndome evaluar la producción local, descubriendo artesanos sobresalientes como Octavio Gómez a quien apoyamos con un pequeño galpón y crédito para un horno. Un ceramista de Muelle Cariaco, semilla de la propagación de talleres a la entrada de la carretera hacia Caripe. En el mismo circuito, trabajamos con talladores de La Peña, especialmente con Juan Kelly, un escultor notable que enseñaría el oficio a un grupo de jóvenes, algunos de Caigüiré como Juan Peña, mostrando posteriormente un talento superior.

Jorge Glen

En Cumaná y sus alrededores, lo hicimos con la cestería en San Juan, la muñequería de Plan de la Mesa y artesanos talentosos como Marisol Caraballo, con productos de atractivo diseño, hasta ése momento prácticamente desconocidos. También, con la tradicional Lhuterería y sus setenta talleres familiares activos al momento de mi llegada, una producción de gran importancia económica con distribución nacional pero que el liderazgo político local abandono a su suerte, usando solo el rédito de su enorme prestigio cultural. En el Estado Anzoátegui, apuntalamos las tradiciones textiles prácticamente extinguidas en Caigua y Panamayal; los exquisitos sombreros femeninos de Urocual y su cestería de juncos; la alpargatería de Pto Pirita; la artesanía de moriche Kariña y la dulcería de Merey en el sector la Zorra en Soledad; todas ellas y para ése momento, con productores en estado de pobreza y abandono.

Caso aparte fue el descubrimiento de los Waraos en el Delta del Orinoco y sus dos grandes caños. Al Mánamo entrabamos por Boca Uracoa, parando en el Pajal, un asentamiento con enfermería y cría de ganado que había incorporado a sugerencia de los promotores del Cuerpo de Paz en la distantes década del sesenta, tintes industriales para la pigmentación del moriche y nuevas técnicas de trenzado, creando una exclusiva y hermosa cestería de mucha demanda. Luego seguía Santo Domingo de Guaca jarita; y finalmente, su desembocadura. Navegar una geografía de gran impacto visual en un vasto trenzado cenagoso de abundante palmito y selva tupida, hasta llegar a los sorprendentes sangritos y sus raíces extendidas como alas sobre la superficie, marcaría mi memoria. El ruido ronco y profundo del choque de sus aguas dulces contra el mar en la quietud de un territorio virgen escuchado desde la fragilidad de la canoa, me haría recordar el brillo triste de las pequeñas luminarias sobre sus corrientes, para localizar las victimas cobradas por el Orinoco. Una ciénaga colosal, distinta al frenético Caroní, al taciturno Carapo o al Caura y su imponente Pará. Un poderoso caudal entrando profundamente al atlántico, sin playas, arenales y sus muchas piedras negras, tributando su ofrenda final traída desde ignotos territorios.

Como empresa, tuvo sus aciertos al aproximarse al complejo mundo de la comercialización nacional en manos de acopiadores locales que sometían al productor a un régimen de mercado cautivo. Fue el caso de la Feria Panamericana en Caracas en la conmemoración del Bicentenario del nacimiento de Simón Bolívar; la más grande expo venta hecha en el país con muestras de treinta países y un enorme inventario de artesanías venezolanas que encontraría mercado en tan solo quince días, revelando el enorme interés de sus productos entre las clases medias y altas. También, el éxito de la tienda instalada en el aeropuerto internacional de Maiquetía y el apoyo a cooperativas en Lara y Falcón. Logros aislados y puntuales que nunca fueron capitalizados para hacer de los productores y sus talleres, el centro del esfuerzo. Sin investigación sobre el diseño y entendiendo el crédito como una dádiva, al profundizar la politización de las compras, Evenar C.A se convertiría en un reservorio de mercancías sin valor de mercado, mostrando el triste espectáculo de la ruina. Una práctica que sería llevada posteriormente por el chavismo a límites inimaginables y sobre la que debe reflexionar el nuevo país.
perucho Cova

  

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Sobre el Autor

Luis Antonio Carvajal Chacón
Licenciado en Comunicación Social Universidad Cecilio Acosta del Zulia Locutor y Moderador de Radio y Televisión en el Estado Sucre CNP: 21.184